Puig de n’Alí

Hola!

Después de mucho tiempo, vuelven a aparecer nuevas letras en el blog. En parte me alegro ya que es literalmente imposible publicar menos contenido en un año, así que ahora sólo se puede mejorar.
Como siempre, afortunadamente, si no salimos a caminar tanto, no es por desgana sino porque estamos ocupados con otras cosas que también nos enriquecen.
Pero el gusanito de salir a descubrir nuevos rincones de Mallorca nunca desaparece así que aunque, en esta etapa, sean pocas las ocasiones, seguiremos encontrando un día, aunque sea sólo un día al año, para ir de excursión y compartirlo en el blog.
Durante este año hemos hecho algunas cosas más además de esta última excursión aunque nos lo hemos tomado muy en calma. Algunos paseos por la costa, nuestra necesaria visita al Torrent de Pareis, que llevábamos aplazando desde 2017… y ya, en estos últimos días del año, decidimos dar de comer al blog con una nueva excursión, esta vez sí, con nuestro clásico formato: propuestas, salida temprano, empanadas, ruta con cierta exigencia y vuelta a casa a media tarde.
Y aquí dejo lo que fue de ese día.

Así pues en una nueva y soledada mañana de sábado, salíamos de Felanitx a eso de las 8 de la mañana hasta hacer nuestra primera parada en Manacor para aprovisionarnos de nuestras empanadas para la merienda, tuvimos que esperar un poco pero finalmente se vinieron con nosotros bien calentitas!.
Ya con todo lo necesario a bordo, seguimos camino de Tramuntana, donde hacía mucho que no fijábamos destino, hasta llegar a Caimari y, poco después de dejar el pequeño y encantador pueblo de montaña, por fin aparcamos donde comienza el trazado a pie del camino viejo a Lluc. Pero no sería hoy ese el camino que seguiríamos.
Descendiendo un centenar de metros carretera abajo, nos desviamos a la derecha para seguir por el Camí dels Horts, dejando atrás el movimiento matinal de coches y bicicletas que empiezan a recorrer esta típica ruta.
El Camí dels Horts es un camino asfaltado que discurre entre el Puig de n’Escuder i el Puig de s’Aladernar,  por el cual fuimos ganando altura a través de pequeños cultivos y poco despúes, se convierte en un camino forestal que está siendo restaurado tras los daños de las riadas.
Algunas zonas con paredes de roca se usan para la práctica de escalada aunque en esta mañana aún está todo en calma y pudimos observar con tranquilidad tanto las complicadas vías que se intuyen por los anclajes como algunas de las enormes encinas que acompañan este tramo.
Poco después, en un pequeño claro entre las montañas donde el sol nos ayudaba a evitar que el frío matinal nos estropeara el momento, nos sentamos a merendar.
Las buenísimas empanadas acompañadas de un rico chocolate con canela y una magnífica mañana de diciembre hicieron de esta parada un momento muy agradable que nos ayudó a seguir cargados de energía.
Después de la estupenda parada para merendar, seguimos por el ancho camino sorteando maquinaria de obras hasta llegar a las Cases dels Horts que se sitúan en un pequeño valle con el espacio justo para unos pequeños bancales de huerto aprovechando el curso del Torrent dels Horts.
Dejando atrás las Cases dels Horts, continuando por el camino rural, en ciertos momentos podíamos distinguir la cima del Puig de n’Alí observándonos desde su kilómetro de altura.
Y seguimos hasta llegar al final del camino que acababa abruptamente con una gran máquina pesada y tras ella un abrevadero cubierto de piedras desde donde ya tuvimos que empezar a rastrear los hitos de piedra para ir siguiendo el camino.
Este nuevo tramo se iniciaba ascendiendo por lo que parecía un corrimiento de piedras colina abajo así que no fue un camino ágil ni tampoco lo fue ir identificando los hitos aunque en apenas unos minutos, llegamos hasta un antiguo círculo de carbonero donde pudimos continuar siguiendo el típico sendero de montaña.
Rodeados de un pinar que poco a poco iba clareando dejando paso al sol y al viento, también pudimos empezar a disfrutar de unas vistas impresionantes. En la lejanía, cuando los colores se funden en grises, azules y blancos, distinguíamos las siluetas del Puig de Bonany, en primer término y tras él, la Serra de Llevant.
Teniendo de referencia, a nuestra izquierda, el Puig de sa Fita, de escasas decenas de metros inferior a nuestro destino, el Puig de n’Alí, sabíamos que debíamos ascender hasta dejarlo atrás para estar cerca de finalizar el duro ascenso que llevábamos de forma continuada.
El último tramo consistía en una empinada rampa de piedra por la que se hacía muy difícil caminar erguido y habiendo que tener mucho cuidado con las pequeñas piedras sueltas que corrían montaña abajo con cada uno de nuestros pasos.
Cuando por fin parecía que habíamos conseguido alcanzar el cúmulo de rocas que llevábamos viendo frente a nosotros durante casi toda la mañana y que marcaban la cima de la montaña, aún nos quedaban unos últimos metros sorteando estas grandes piedras para estar literalmente en la cima.
El viento, que en esta desnuda cima se hacía notar con fuerza, nos lo puso un poco más difícil pero al final conseguimos llegar hasta los 1037 metros de altura del Puig de n’Alí.
La verdad es que en ese momento creo que todos pensamos en el tiempo que hacía que no conseguíamos disfrutar de un lugar así. Las vistas eran magníficas, también gracias al estupendo día que hacía. Al norte, se alzaba Massanella imponente estirando nuestra vista hasta los extremos de Tramuntana. A poniente los gemelos montes junto a Alaró, el Puig de s’Alcadena y la Talaia de cals Reis, destacan junto al Puig de l’Ofre y su icónica forma piramidal. A levante la enorme cima redondeada del Puig Tomir siempre está presente y junto al mar, los cabos de Pollença i Alcúdia, junto a sus bahías, hoy, de aguas tranquilas.
Una vez fotografiado el momento y habiendo guardado en nuestra memoria un nuevo y bonito recuerdo, comenzamos el descenso que debía seguir así prácticamente todo el resto de la excursión.
Situando Massanella frente a nosotros, como decía la guía escrita que nos acompañaba, buscamos el nuevo sendero que debíamos seguir. Al principio nos las prometíamos felices ya que esperábamos un agradable descenso, pero la verdad es que a los pocos minutos, se complicó un poco, los hitos eran escasos y el camino bastante disuelto entre maleza, piedras arrastradas y algunos árboles caídos, además, la fuerte pendiente no ayudaba a nuestros pasos.
Poco a poco, a medida que descendíamos, comenzamos a adentrarnos en un cerrado bosque de encina y pinar y a discutir sobre en qué punto del camino íbamos a aparecer una vez finalizado el descenso que nos llevaba hacia el camino viejo de Mancor a Lluc.
Afortunadamente y para alegría de todos, aparecimos en el Coll de sa Línea y sus conocidos pilones de piedra.
Desde este punto, seguimos en descenso por el camino de Comafreda que dejamos, a los pocos minutos, tomando un sendero marcado con dos pequeños hitos de piedra a la derecha del camino y que nos llevaba hacia el Torrent de Cometa Negra y que seguimos curso abajo.
El torrente, que ahora es poco más que un humedal con algunos pequeños charcos, discurre rodeado de encinas negras y rocas grises redondeadas y forma un precioso sendero que va apartándose del más frecuentado camino de Comafreda y ocultándose en la montaña a medida que va descendiendo.
Más adelante, abandonamos el curso del torrente por una elevación a la derecha y seguimos a la sombra rodeando el Puig de n’Alí hasta alcanzar el Pas de n’Arbona que nos volvía a abrir vistas al sur de la isla.
En este punto, decidimos parar a comer.
Buenísimo pan del día con un estupendo salchichón, paté picante, mandarinas y de postre fruta confitada. Nada mejor que estas paradas para comer cuando queda poco camino que recorrer, nos recarga la energía y nos ayuda a conciliar un buen sueño al llegar a casa.
Así pues, una vez que retomamos la marcha, comenzamos un nuevo descenso atravesando un bonito encinar y un continuo paso de círculos de carbonero en dirección al antiguo y ancho camino de Caimari a Lluc.
Una vez tomado el camino, seguimos en descenso hasta dar con la carretera y el merendero que se encuentra junto a ella. Desde ahí, siguiendo el camino viejo de vuelta, tuvimos que recorrer un pequeño ascenso hasta llegar a las casas de Son Canta.
Finalmente, y como castigo por tardar tanto en volver a salir de ruta, el camino adoquinado de piedras nos pulverizó los pies hasta que llegamos al aparcamiento donde nos esperaba el coche desde la mañana, aunque afortunadamente ya fueron los últimos pasos del día.

Así pone CdM punto y final a este año 2019, sumando una ruta más y teniendo la seguridad de que por mucho tiempo que este blog se pase congelado, siempre volverán a recorrer las letras de una nueva excursión.
Desde aquí deseamos feliz año 2020 a todos.

Hasta la próxima!

Álbum de fotos: Puig de n'Alí